LIKES VS MONTAÑAS
La felicidad que no cabe en una pantalla S now, mi husky de trece años, clava sus patas en la nieve recién caída. Huele el viento como si leyera un mensaje ancestral , su hermana ausente Neu,late aún en cada crujido de hielo bajo mis botas. Aquí, en la montaña invernal, el tiempo se desvanece. El paisaje es un lienzo en blanco y negro donde pintamos huellas, no píxeles. No hay notificaciones que interrumpan este silencio. El frío muerde, pero cura. La soledad aquí no es vacio es ple nitud. Sabes que estás vivo no porque un corazón virtual parpadee en tu pantalla, sino porque el tuyo late al ritmo de las pisadas de Snow. Pero al bajar al valle, el hechizo se rompe. El teléfono vibra. Instagram exige su tributo: postea la foto, etiqueta la ubicación, colecciona likes como si fueran migajas de validación. Chamath Palihapitiya —arquitecto arrepentido del casino digital llamado Facebook— lo admitió: "Diseñamos máquinas tragamonedas de dopamina. Y ganamos". Gana...